El otro día, al salir de casa para hacer sabeMonesvolquecosa, me encontré a mi perro justo delante de la puerta. No es raro que esté ahí, ya que siempre está a la expectativa, a ver a cuanta gente puede obligar a que se duche por estar llenos de pelos, babas o ambas cosas; pero, en cuanto me vio, se estiró sin cortarse un pelo (era por la mañana, así que es comprensible) y después me enseñó lo que es un largo y descarado bostezo. Acabada su ya costumbre matutina (y no tan matutina) me miró moviendo el rabo y sacando la lengua fuera.
Y ahí, una frase dicha por una amiga mía, que en ese momento adquirió un tono profético, apareció en mi mente: “¿No decían que tarde o temprano el perro se parece al amo?”.
Esto empieza a ser preocupante.
Repito: esto empieza a ser preocupante.
